13 de enero de 2012

Otra fórmula para sobrevivir

Se había acabado. Lo habíamos dejado. Esta vez lo había dejado más él que yo, pero en el cómputo global de dejadas, ganaba yo. No tenía mucho que gastar, pero el ritual es el ritual, y había que seguirlo. Me compré un vestido con el que me sentía maciza. Compré un tinte y yo misma me lo apliqué. Ahora iba a ser morena. Y ahora iba a ser diferente. No era la primera vez que me compraba un vestido con el que sentirme maciza y me cambiaba el color o el corte de pelo y me decía 'Ahora va a ser diferente'. Esta vez la situación requería un acto mayor para concluir el ritual de descontaminación corporal. La mental llevaba más tiempo, estaba claro, pero una vez que el cuerpo está limpio de la huella y sucio de la huella nueva, no hay vuelta atrás. Tenía el vestido, el pelo y hombres a los que llamar para que me reiniciaran. 
Foto de Hannah

La suerte estaba de mi parte, mi primera opción estaba disponible.  Iba a verlo esa misma noche. Estaba nerviosa, era el fin de una era. Y estaba nerviosa porque, admitámoslo, es raro oler a otro cuando llevas mucho tiempo oliendo al mismo, es raro mirar a otro cuando llevas mucho mirando al mismo, es raro besar, tocar, follar, reír, sentir a otro cuando llevas mucho tiempo besando, tocando, follando, riendo y sintiendo al mismo. 

Funcionaba. El ritual funcionaba para mí a la perfección. Entonces. Pero sabía que ahora, años después, ante otra ruptura, no me iba a funcionar. Tenía que encontrar otra fórmula para reinventarme y descontaminarme. Otra fórmula para sobrevivir.