3 de noviembre de 2013

Sin hacer ruido

La bala sigue dentro. Y cada día que pasa tengo más miedo de seguir con la bala y sin el cazador. Si tienes la bala y el cazador lo tienes todo. Vas diciendo qué suerte tengo. Y el cazador va diciendo qué suerte tengo. Pero cuando el cazador no piensa que eres una suerte, todo se va al carajo.

La bala sigue dentro pero tendré que coser la herida. Y luego poner maquillaje sobre la cicatriz. Y sonreír e irme de fiesta. Nadie sabrá que está, pero la bala seguirá dentro.

La bala sigue dentro y pronto habrá otra bala en otra mujer. Y ella irá diciendo qué suerte tengo. Y él irá diciendo qué suerte tengo. Y yo espero que tengan suerte pero también espero haberme ido. No enterarme nunca.

La bala sigue dentro y su centro irradia micro partículas que llegan a mis pies, a mis manos, a mi nariz, a mis ojos y lo infectan todo triste. Y cada día que pasa tengo más miedo de ver pasar más días y seguir con la bala y sin el cazador y con los pies tristes, las manos tristes, la nariz triste, los ojos tristes, todo triste.

La bala sigue dentro y se lo digo a mi amiga y ella me anima a hacer algo. Pero yo ya me siento ridícula y decido no hacer nada.

La bala sigue dentro y he escrito ya no quiero querer que seas tú quien me despeine. Pero quiero. ¡Pero quiero! Intento pensar en cualquiera, pero siempre acabo susurrando novio, pensando que estamos en aquella escalera donde siempre quise hacerlo y está sucio pero no me importa.

La bala sigue dentro y he escrito Él no mereció eso. Ella no merece esto. Pero ya nada merece la pena.

La bala sigue dentro. Y seguirá dentro. Pero voy a maquillar la herida. Lo voy a hacer, además como más cuesta: sin hacer ruido.